El gobierno se prepara para dar un golpe definitivo contra derechos históricos de la clase trabajadora. La media sanción que el Senado le dio a la ley de reforma laboral dejó incólume todo el articulado original que habilita jornadas de hasta 12 horas, elimina el régimen de indemnizaciones, flexibiliza las vacaciones y hasta limita las remuneraciones por licencias médicas.
Además, el texto que será considerado por la cámara de diputados incluye la suspensión de la ultraactividad de los convenios colectivos y, contra lo que establece la constitución nacional, altera el orden de prelación de los convenios en favor de las negociaciones por empresa y por región.

Por último, entre muchos otros puntos, regimenta y criminaliza el derecho a huelga y las acciones de lucha de las que disponemos los trabajadores.
Para el gremio de prensa, la aprobación de la ley, además, implicaría la derogación de nuestro estatuto del periodista profesional que establece condiciones de trabajo particulares y excepcionales que respaldan la estabilidad laboral y dan un marco más propicio para garantizar la libertad de expresión y, por esta vía, el derecho a la información de la población.
En este punto el texto definitivo, como resultado de la acción de los sindicatos de prensa de todo el país sobre los senadores, postergó su derogación hasta el 1° de enero. Sin embargo no dispone la discusión de un nuevo estatuto ni la preservación del vigente hasta tanto el mismo no se actualice. Las patronales sólo deberán esperar que el paso del tiempo barra con conquistas históricas de los trabajadores de prensa y el libre ejercicio del oficio.
Así las cosas, el desafío que tenemos por delante es gigantesco. La envergadura del ataque nos obliga a hacer todo lo que este a nuestro alcance para impedir la aprobación de semejante reforma.
La conducción de la CGT, queda cada vez más claro, apuesta a una negociación con el gobierno que le permita preservar algunos de sus intereses en lo que hace a la estructuración de los sindicatos. Así, logró que el senado se abstuviera de condicionar los aportes solidarios de las cámaras a los sindicatos y que las mismas siguieran siendo agentes de retención de los aportes sindicales. Por eso no convocó a un paro el miércoles 11 de febrero y, por ese mismo motivo, condicionado por la fuerte presión desde abajo, convocó a un paro sin movilización para el próximo jueves.
Ganar la calle
Lo que corresponde para derrotar esta ofensiva es paralizar el país y, a la vez, hacer todos los esfuerzos organizativos necesarios para garantizar una fuerte movilización al Congreso que acorrale la discusión en el Parlamento.
Así ya lo decidieron varios sindicatos como Aceiteros, la UOM y ATE, y también los que se agrupan en el Plenario del Sindicalismo Combativo, como el SUTNA, la AGD UBA, Ademys, ATE Garrahan, entre otros, el movimiento piquetero independiente y las organizaciones de jubilados en lucha.
El punto de partida es garantizar el cumplimiento del paro general en todo el gremio de prensa. El cuadro que genera la decisión de la CGT plantea la posibilidad de paralizar tanto los medios públicos como los privados. Además proponemos al SiPreBA y la FatPren que se sumen a la movilización callejera. El desafío es enorme, tenemos que estar a la altura.
La Naranja de Prensa
16-2-2026
